Un misterio que crecía más despacio de lo que imaginábamos
Durante un siglo, arqueólogos recorrieron el desierto peruano buscando los geoglifos de Nazca: figuras trazadas hace 2.000 años, visibles en su totalidad solo desde el aire. En seis meses, un modelo de inteligencia artificial encontró más de lo que se había hallado en cien años de trabajo humano.
Un equipo liderado por Masato Sakai, de la Universidad de Yamagata (Japón), decidió probar algo distinto: entrenar un modelo de inteligencia artificial para analizar imágenes satelitales de alta resolución de toda la llanura de Nazca y detectar patrones que el ojo humano pasa por alto.

¿Quién hizo los geoglifos de Nazca?
Los geoglifos de Nazca fueron trazados por la cultura Nazca, que habitó el sur de Perú entre los años 100 a.C. y 700 d.C., retirando las piedras oscuras de la superficie del desierto para dejar a la vista el suelo claro de abajo. No usaban andamios ni vista aérea: se guiaban con estacas y cuerdas, a escala humana, sobre un terreno tan seco y estable que las líneas se conservaron casi intactas durante dos milenios. Por eso la UNESCO declaró la zona Patrimonio de la Humanidad en 1994, y por eso cada geoglifo nuevo que aparece —como los 303 que sumó este estudio— es evidencia directa de una civilización que dejó su historia escrita en el propio suelo.
Cómo la IA encontró lo que un siglo de trabajo humano no vio
El sistema no reemplazó a los arqueólogos: los hizo veinte veces más rápidos. La IA rastreó el terreno señalando posibles trazos y formas, y un equipo de especialistas verificó cada candidato en el terreno. Lo que normalmente hubiera tomado décadas de prospección se resolvió en seis meses.
733 geoglifos catalogados en total — 430 ya se conocían antes del estudio, 303 son hallazgos nuevos: un salto del 70% en el registro, confirmado en apenas seis meses de trabajo de campo. Todavía hay cerca de 250 candidatos más esperando confirmación.
Qué muestran los nuevos geoglifos de Nazca
Los hallazgos se dividen en dos grupos bien distintos: los geoglifos de tipo línea son los más grandes y simples — algunos de hasta 90 metros —, representan animales salvajes (aves, ballenas) y se ubican junto a las rutas de peregrinación más transitadas, como si fueran señales pensadas para verse desde el camino. Los geoglifos de tipo relieve son más pequeños y detallados: muestran humanos, animales domesticados y escenas de la vida cotidiana, y aparecen cerca de senderos informales, más íntimos.
Entre las figuras nuevas hay una orca de 22 metros sosteniendo lo que parece un cuchillo, cabezas decapitadas, llamas, aves y siluetas humanoides.

Para qué servían realmente
Esa es quizás la parte más interesante del estudio: los investigadores creen que las líneas grandes guiaban a los peregrinos que se dirigían al templo de Cahuachi, un centro ceremonial Nazca, mientras que las figuras pequeñas cerca de senderos menores servían para comunicar información a grupos que viajaban por esas rutas — algo así como señalización ceremonial de una civilización sin escritura.
Por qué esto importa
Nazca es un buen ejemplo de algo que va a aparecer seguido en este blog: preguntas que suenan a misterio sin resolver, pero que la evidencia — bien buscada — termina explicando. Acá no hizo falta ninguna hipótesis extraordinaria: hizo falta una herramienta mejor para mirar lo que ya estaba ahí, dibujado en la tierra, esperando hace dos milenios.

1 comentario en "Líneas de Nazca: la IA que descubrió 303 geoglifos ocultos en el desierto de Perú"